lunes, 16 de mayo de 2016

Judith Filc






Suplicantes


Le dicen Colo tiene
24 años hace
seis que lo
busco

El filo del
metal contra el
cuello

La cabeza se
inclina bajo el
chorro de
agua bajo el
secamanos busca un
rincón donde
acomodarse

el altavoz anuncia llegadas y
salidas

Me dijeron que estuvo en
Olmos también en la
veinticinco tiene
24 años le dicen
Colo

La punta de la
mesa de
plástico
filosa

Parada frente a la
tierra
removida
ve dos
puñitos contra la
cara

Atraviesa la
cuadra de
ventanas tapiadas
entra por la
puerta del
garage:
tres pisos
oscuros
de escalera

la bolsa de
dormir sobre el
suelo de la
cocina y semillas para el
canario

Toto, las balas no se
sienten. Te juro, Toto.
¿Viste un cigarrillo cuando
traspasa un nylon? Así es,
y después algo caliente.

Nunca más, vieja,
me dijo, te prometo,
por vos y por la
nena

Las cuentas de
plástico pasan una por
una entre los
dedos son los
cinco puntos,
me dice.
El del medio es el
cana.

Alguien me despertó diciéndome
que fuera al hospital.
Cinco policías rodeaban la
cama. Uno la pateó diciéndome:
¿Es su hijo o no, señora? No, dije.




Vals


Altas ventanas reciben el
sol de la
mañana que
proyecta

sombras

en las paredes
descascaradas

Al otro lado de la
sala
las escaleras dan a un
corredor
bordeado de
puertas

Las valijas están en el
último
cuarto

amontonadas en
desorden

gastadas

No es la primera
vez
Siempre elegís la
misma

El cuero
suave
resiste
ileso

Tus dedos
rozan
apenas las
hebillas

Sabés qué vas a
encontrar:

el costurero

el camisón
(tus dedos
acarician la
seda)

el frasco de
perfume

las flores de
tela que ocultan la
pistola de
juguete

El dedo en el
gatillo
contra tu
sien

Los discos de
pasta

El diario: "Italia se rinde"

La caja de
agujas (la botellita
todavía casi
llena)

Música
invade el
cuarto

Ella baila en su
camisón de
seda con los ojos
cerrados

Ponés la
mano en su
cintura y
girás con el

sol en los
ojos


de "Vida en la tierra" - Ediciones Barnacle (2015)







Dafne


                 Encerrado  en  Saint  Pélagie Courbet  quiso (...)  representar
                 París  vista  desde  las bóvedas de la prisión. Escribe a uno de
sus amigos: "La hubiera pintado en el estilo de mis marinas,
con un cielo de una profundidad inmensa, con sus movi- mientos, sus casas,
sus cúpulas simulando las ondas tumul- tuosas del océano”.
                                                                                      G. Bachelard


Bailar sobre las
olas

bailar el goteo
tenaz contra la
loza

si estoy contenta bailo
rápido,
si estoy
triste,
despacio

bailar
la asfixia

el viento
sordo

el estallido del
metal

            si estoy irritada,
            de las dos formas

bailar la
luz
vacía

las grietas

el rictus

las bocas de
tormenta

la rama
deshojada


Recordás, y al recordar entrás en el mundo evocado, un mundo donde lo que sucedió vuelve a suceder una y otra vez pero cada vez sucede de una manera algo diferente. Un mundo que no es el que te rodea; los sonidos son otros, la lengua es otra y, sin embargo, está teñida de tu nueva lengua. Sus habitantes no hablan como los habitantes del mundo que evocás ni como los dueños de las voces que se cuelan por las ventanas abiertas del verano. En ese mundo no es verano y las palabras se pronuncian en silencio y el grito de dolor que perfora tu cabeza no invade el aire. Ese mundo no es pasado ni presente ni futuro, no ocupa espacio. Y cuando el silencio desaparece y las voces de la calle recuperan la nitidez, oís el característico ruido de la puerta del costado que se abre y sabés que deben de ser las cuatro de la tarde.


Camino por Broadway hacia el subte, abriéndome paso entre la multitud. Los carteles luminosos, llenos de imágenes cambiantes, se ciernen sobre mí, y el calor es agobiante. Pienso en mis caminatas por la misma ciudad hace casi treinta años: la vivencia de exceso, de desesperanza, de la infinita posibilidad del acontecimiento. Las jeringas en la vereda, las carpas en Tompkins Park y las largas colas frente a los teatros.

La ciudad más cosmopolita, donde escuchás un idioma diferente en cada esquina; la ciudad más hostil, donde la tromba arrasa sin ver, las agujas de los campanarios perforan el cielo y los rascacielos se extienden por tu cuerpo atravesándote. Nueva York es la metáfora de lo extraño en donde habito: abrumadora, avasallante, seductora, inalcanzable, ajena en su exhibición de riqueza y avidez, de miseria y dolor. Una meca inhóspita.

Inéditos




Bio: nació en Buenos Aires, Argentina en 1962. Es traductora y editora. Recibió su doctorado en literatura comparada y teoría literaria de la Universidad de Pennsylvania, y trabajó como docente investigadora en la Universidad Nacional de General Sarmiento. En 2002 viajó a Nueva York para hacer investigación y, por esas vueltas de la vida, terminó instalándose en el valle del río Hudson, donde vive con su marido y su hijo. Publicó los poemarios Vida en la tierra (2015), Resquicios (2010), El otro lado (1998) y Transducciones (1985). Administra el blog Word Creation/Crear con palabras, donde publica sus traducciones al inglés de poesía hispanoamericana. Actualmente está trabajando en un libro sobre lengua y extranjería, del que provienen los dos últimos poemas.


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